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En Japón, el número de casas deshabitadas ha alcanzado cifras alarmantes, con aproximadamente 9 millones de viviendas vacías, conocidas localmente como akiya. Este fenómeno, que ha duplicado su magnitud en las últimas dos décadas, refleja una combinación de problemas estructurales en la sociedad japonesa, desde el envejecimiento de la población hasta la depreciación de los inmuebles. Según informó la BBC, estas propiedades, que podrían albergar a decenas de millones de personas, se han convertido en un símbolo de los retos demográficos y económicos que enfrenta el país.
El principal factor detrás de este fenómeno es el declive poblacional. Japón lleva más de 15 años registrando una disminución constante en su número de habitantes, con una de las tasas de natalidad más bajas del mundo. Este descenso no solo implica que hay menos personas para ocupar las viviendas existentes, sino que también afecta la dinámica de las comunidades rurales, donde muchas de estas casas están ubicadas. Según detalló la BBC, la migración hacia grandes ciudades como Tokio y Osaka ha dejado a numerosos pueblos y aldeas prácticamente desiertos, con viviendas que quedan vacías tras el fallecimiento de sus propietarios.
La depreciación de las viviendas: un problema único en Japón
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A diferencia de otros países donde los inmuebles tienden a ganar valor con el tiempo, en Japón las casas pierden su valor rápidamente. Según explicó la BBC, esta tendencia se remonta a la crisis económica de los años 90, cuando el estallido de la burbuja inmobiliaria sumió al país en décadas de estancamiento económico. Desde entonces, las propiedades en Japón se han comportado de manera similar a los automóviles: cuanto más antiguas son, menos valen.
Además, las estrictas normativas de construcción, diseñadas para garantizar la seguridad frente a los frecuentes terremotos que afectan al país, han contribuido a esta depreciación. Las casas construidas antes de la implementación de estas regulaciones suelen ser consideradas menos seguras y, por lo tanto, menos atractivas para los compradores. Según el medio británico, reformar estas viviendas para cumplir con los estándares actuales puede ser extremadamente costoso, lo que desincentiva tanto a los propietarios como a los posibles compradores.
Herencias complicadas y costos elevados
Otro obstáculo importante es la complejidad de las herencias. Muchas de estas casas abandonadas pertenecen a familias con múltiples herederos, lo que dificulta la transferencia de propiedad y, en consecuencia, la venta o reutilización de los inmuebles. Según consignó la BBC, los costos asociados al mantenimiento, la reparación o incluso la demolición de estas viviendas también son prohibitivos para muchos propietarios, quienes optan por dejarlas en el abandono.
En algunos casos, el proceso de vaciar una casa, ponerla en el mercado y gestionar toda la documentación necesaria resulta más caro que el valor de la propiedad misma. Esto ha llevado a que muchas familias simplemente dejen las casas deshabitadas, contribuyendo al creciente número de akiya en el país.
Iniciativas para abordar el problema
Ante esta situación, las autoridades japonesas han implementado medidas para intentar reducir el número de casas abandonadas. Una de las estrategias más destacadas es el sistema de akiya banking, que consiste en registrar estas propiedades y ofrecerlas a precios muy bajos o incluso de forma gratuita, con la condición de que los nuevos propietarios las reformen o las utilicen. Sin embargo, según reportó la BBC, esta solución enfrenta desafíos significativos debido al continuo declive demográfico y a la falta de interés en las zonas rurales.
En los últimos años, las akiya han comenzado a captar la atención de extranjeros y creadores de contenido en redes sociales. Según el medio británico, una serie de videos virales en plataformas como TikTok ha puesto de moda la compra y renovación de estas casas. Influencers, principalmente de origen extranjero, han adquirido algunas de estas propiedades para convertirlas en hogares o en alojamientos turísticos. Un ejemplo destacado es el caso de un tiktoker sueco llamado Antón, quien reformó una akiya en Tokio, mostrando el proceso en sus redes sociales.
Un problema con raíces profundas
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El fenómeno de las casas abandonadas en Japón no es solo un problema inmobiliario, sino un reflejo de los profundos cambios demográficos y económicos que enfrenta el país. Según la BBC, la combinación de una población envejecida, una baja tasa de natalidad y una migración masiva hacia las grandes ciudades ha dejado a muchas comunidades rurales al borde de la desaparición.
Además, la depreciación de los inmuebles y las estrictas normativas de construcción han creado un mercado inmobiliario único, donde las casas antiguas pierden valor rápidamente y se convierten en una carga para sus propietarios. Aunque iniciativas como el akiya banking y el interés de los extranjeros ofrecen un rayo de esperanza, el problema de fondo sigue siendo el declive demográfico, un desafío que Japón deberá enfrentar en las próximas décadas.
En este contexto, las akiya no solo representan un desafío logístico y económico, sino también una oportunidad para repensar el futuro de las comunidades rurales y la gestión del espacio en un país que enfrenta una transformación demográfica sin precedentes.