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El cáncer de páncreas es una de las enfermedades oncológicas más letales, en gran parte porque no presenta síntomas en sus primeras etapas y suele detectarse cuando ya se encuentra en estados avanzados, lo que hace que las opciones terapéuticas resulten limitadas. Este panorama convierte a la enfermedad en una de las principales causas de muerte por cáncer a nivel mundial.
Sin embargo, los avances recientes en terapias dirigidas despiertan un renovado optimismo entre los investigadores, ya que alrededor del 90% de los casos de cáncer de páncreas presentan mutaciones en el gen KRAS, lo que abre la puerta a tratamientos que podrían atacar de manera más precisa a estos tumores y cambiar el panorama para los pacientes.
En la última década, distintos equipos de científicos desarrollaron terapias innovadoras que apuntan directamente a las mutaciones genéticas responsables del crecimiento descontrolado de las células cancerosas.
Como publicó Infobae, el reconocido científico Eric Topol, director del Instituto de Investigación Traslacional, en California, Estados Unidos señaló que “el cáncer de páncreas es uno de los más mortales, con una supervivencia a 5 años de menos del 10% y eso no ha cambiado en varias décadas”. A diferencia de otros tipos de cáncer donde las nuevas terapias han marcado una diferencia significativa, el doctor Anirban Maitra, médico oncólogo en el MD Anderson Cancer Center en Houston, Texas, consideró que el “cáncer de páncreas es el eslabón débil en la lucha contra el cáncer”.
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Las causas de estas diferencias son diversas. En parte, se relacionan con la complejidad biológica del cáncer de páncreas, similar a lo que sucede con el cáncer de colon o de cerebro, lo que lo hace más resistente a los tratamientos generalizados que han demostrado eficacia en otros tipos de cáncer. La ubicación del órgano dificulta el acceso a los fármacos, y la densa barrera de tejido fibroso y células que lo rodea actúa como una protección que limita la efectividad de los tratamientos.
Las terapias dirigidas y la inmunoterapia, que transformaron el tratamiento de otros tipos de cáncer, todavía no lograron un impacto relevante en el cáncer de páncreas, pero hoy hacen emergen un escenario alentador para los pacientes.
Según la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), aunque este tipo de cáncer ocupa el duodécimo lugar en incidencia a nivel mundial, es la sexta causa principal de muerte por cáncer. Cada año, más de 500.000 personas son diagnosticadas con cáncer de páncreas en el mundo. En Estados Unidos, la enfermedad provoca alrededor de 52.000 muertes anuales y es la tercera causa principal de fallecimientos por cáncer, solo superada por el cáncer de pulmón y el colorrectal.
Además, en los últimos años, aumentó la incidencia de este tipo de cáncer, especialmente en adultos jóvenes. La obesidad y otros factores metabólicos son señalados como posibles responsables de esta tendencia, aunque falta más investigación para determinar las causas precisas. Se estima que, para 2030, las muertes por cáncer de páncreas superarán a las del cáncer colorrectal, a medida que otros tipos de cáncer se vuelven más tratables al ser detectados en etapas tempranas.
Los avances en los tratamientos del cáncer de páncreas
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Las opciones terapéuticas para el cáncer de páncreas dependen del estadio de la enfermedad y de las condiciones específicas de cada paciente. Incluyen cirugía, tratamientos de ablación o embolización, radioterapia, quimioterapia, terapias dirigidas e inmunoterapia. En casos donde el paciente experimenta dolor como síntoma, existen tratamientos específicos para aliviarlo, aunque siempre es imprescindible consultar previamente con un médico o profesional de la salud.
Uno de los enfoques más prometedores es la inhibición del gen KRAS, que desempeña un papel clave en la proliferación celular. Alrededor del 90% de los casos de cáncer de páncreas presentan mutaciones en KRAS, lo que convierte a este gen en un objetivo fundamental para el desarrollo de nuevos tratamientos.
El gen KRAS “es el principal factor que impulsa el cáncer de páncreas”, afirmó al Wall Street Journal el doctor Sunil Hingorani, director del Centro de Excelencia para el Cáncer de Páncreas del Centro Médico de la Universidad de Nebraska. “Y hasta hace un par de años no habíamos podido encontrar medicamentos que realmente lo atacaran”.
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Hasta hace pocos años, los investigadores consideraban al gen KRAS como un objetivo “intratable”. Sin embargo, los avances científicos recientes permitieron el desarrollo de inhibidores específicos. Dos de estos fármacos ya recibieron aprobación para cánceres de pulmón y colorrectal con mutaciones en KRAS en Estados Unidos. Ahora, y varias compañías farmacéuticas realizan ensayos clínicos para evaluar la eficacia de estos inhibidores en el cáncer de páncreas.
Como publicó Wall Street Journal, el medicamento experimental daraxonrasib, desarrollado por Revolution Medicines, mostró resultados alentadores en pruebas iniciales. En un estudio de etapa temprana, el 27% de los pacientes con cáncer de páncreas presentaron una respuesta parcial o total al tratamiento, con una mediana de 8,5 meses antes de que la enfermedad progresara. “Los laboratorios Pfizer y Eli Lilly ahora también tienen medicamentos que bloquean KRAS en ensayos en humanos en etapa temprana”, precisó el diario estadounidense.
La vacuna experimental de ARNm que mostró resultados alentadores
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Como anticipó Infobae, un estudio realizado en el Centro Oncológico Memorial Sloan Kettering mostró resultados alentadores en el uso de una vacuna personalizada de ARNm para el tratamiento del cáncer de páncreas. La investigación, publicada en Nature, siguió a 16 pacientes que recibieron esta terapia junto con cirugía, quimioterapia e inmunoterapia.
Ocho de ellos desarrollaron una respuesta inmunitaria fuerte y, de estos, seis permanecieron libres de cáncer más de tres años después. En contraste, la mayoría de los pacientes que no respondieron experimentaron una recaída, lo que sugiere un posible vínculo entre la efectividad de la vacuna y el papel del bazo en la función inmunitaria.
La vacuna fue desarrollada a partir de muestras del tumor de cada paciente, enviadas a la empresa biotecnológica BioNTech. Su mecanismo de acción consiste en entrenar al sistema inmunológico para reconocer y atacar las células cancerosas, un desafío en el cáncer de páncreas debido a que el organismo generalmente no identifica estos tumores como amenazas. Aunque los resultados son preliminares y el tamaño de la muestra es pequeño, los investigadores consideran que este estudio sienta las bases para futuras investigaciones sobre inmunoterapia personalizada en esta enfermedad.
El doctor Suneel Kamath, oncólogo gastrointestinal de la Clínica Cleveland, destacó el potencial de esta tecnología, comparándola con la rapidez en el desarrollo de vacunas de ARNm contra la COVID-19. Según Kamath, la capacidad de diseñar vacunas adaptadas a múltiples objetivos moleculares dentro del cáncer podría representar un cambio fundamental en el tratamiento oncológico. Actualmente, se está llevando a cabo un ensayo clínico más amplio para evaluar la efectividad de esta terapia en pacientes con cáncer de páncreas en etapa temprana.
Para Barbara Brigham, una de las pacientes tratadas, el ensayo significó una oportunidad de prolongar su vida tras recibir un diagnóstico poco alentador. Gracias a esta terapia experimental, pudo celebrar momentos importantes con su familia, incluyendo el nacimiento de su octavo nieto. “Me ha dado una gran renovación en mi vida”, expresó, reflejando el impacto que estas innovaciones pueden tener en la lucha contra el cáncer de páncreas.
Desafíos y futuro del tratamiento
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A pesar de los avances, los especialistas advierten que los tratamientos actuales aún presentan limitaciones. No todos los tumores pancreáticos responden a los inhibidores de KRAS, y algunos desarrollan resistencia en cuestión de meses. “Sabemos que no van a venir a trabajar en cada paciente para siempre”, señaló Gregory Lesinski, director asociado de investigación básica en el Instituto de Cáncer Winship de la Universidad Emory. “Pero hacer un pequeño cambio tendrá un impacto tremendo”.
Además, la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE.UU. aprobó recientemente un medicamento llamado Bizengri, que se dirige a una mutación genética rara (NRG1).
Aunque los tratamientos aún están en desarrollo, los expertos coinciden en que estos avances marcan el inicio de una nueva era en la lucha contra el cáncer de páncreas. “El cáncer de páncreas fue el cementerio del descubrimiento de fármacos”, reconoció el Dr. Benjamin Weinberg, oncólogo del Centro Oncológico Lombardi de la Universidad de Georgetown. Sin embargo, los ensayos en curso ofrecen una renovada esperanza para los pacientes y sus familias
El aumento del cáncer de páncreas en jóvenes
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Un estudio publicado en Annals of Internal Medicine y dirigido por el doctor Vishal Patel, residente de cirugía en el Hospital Brigham and Women’s de Boston, reveló un aumento en los diagnósticos de cáncer de páncreas en personas menores de 40 años. Sin embargo, los investigadores encontraron que este incremento no fue acompañado de un aumento en la mortalidad, lo que sugiere que los avances en la detección temprana desempeñan un papel clave.
Las nuevas tecnologías de imágenes permitieron identificar tumores pancreáticos en estadios iniciales, algunos de los cuales anteriormente pasaban desapercibidos. Muchos de estos tumores corresponden a cánceres endocrinos, que crecen más lentamente y tienen una menor tasa de mortalidad en comparación con los adenocarcinomas, que son más agresivos.
El estudio también señala que algunos factores, como el aumento de la obesidad, podrían estar influyendo en la incidencia de la enfermedad. No obstante, el principal factor detrás del incremento de casos parece ser la mejora en las herramientas de diagnóstico.
Para reducir el riesgo de padecer cáncer de páncreas, la Sociedad Estadounidense del Cáncer recomienda adoptar hábitos saludables. Entre ellos, llevar una dieta basada en frutas, verduras y granos enteros, y limitar el consumo de carnes rojas y procesadas, bebidas azucaradas y alimentos altamente procesados. También es importante evitar el uso de cigarrillos, el vapeo y el consumo excesivo de alcohol, así como minimizar la exposición a químicos perjudiciales en lugares de trabajo.