
El empresario uruguayo Gustavo Basso iba manejando su auto Tesla por la ruta 5 de Uruguay, cerca de Florida, a unos 100 kilómetros de Montevideo. Cuando se acercó hacia una maquinaria vial que estaba en medio de la ruta aceleró a fondo y chocó contra una hormigonera: Basso murió en el lugar.
Pocos días después se conocería que Conexión Ganadera, el fondo ganadero del que era fundador, tenía un déficit patrimonial cercano a USD 230 millones y no tenía dinero para pagar a los inversores.
Basso dirigía Conexión Ganadera hace 25 años. Este tipo de compañías se dedicaban, en teoría, a comprar ganado con el dinero de inversores y luego devolverles una renta fija de, al menos, el 7%. En el momento de su muerte, otros fondos ganaderos –el Grupo Larrarte y República Ganadera– ya estaban en crisis y sobre Conexión Ganadera recaían dudas.
Fue en este contexto que Basso chocó su auto Tesla contra una maquinaria vial ubicada en la ruta 5, muy cerca de la ciudad de Florida, donde vivía este empresario agropecuario. La Fiscalía de ese departamento inició una investigación para saber si efectivamente era él quien murió en el accidente de tránsito. Una prueba de ADN lo confirmó.

Lo que la Fiscalía investigaba era si terceras personas estuvieron vinculadas al accidente, aunque esta posibilidad fue descartada. El fiscal Hermes Antúnez concluyó que el accidente de Basso se trató de una “acción voluntaria”. A esa conclusión llegó tras recibir pericias del Ministerio del Interior y desde el Reino Unido, a cargo de técnicos privados. La empresa examinó el módulo del airbag del Tesla que manejaba Basso y captó dos momentos: cinco segundos previos al impacto y los momentos posteriores al hecho.
Antes de chocar contra la maquinaria vial que estaba sobre la ruta, Basso conducía a 206 kilómetros por hora y al chocar iba a 211. Los exámenes concluyeron que el empresario aceleró de manera “constante” el auto y que no “hubo movimientos al volante”, como informó El Observador.
En el archivo de la causa hay una serie de argumentos, consignados por el medio uruguayo, que surgen de una pericia privada que se hizo en el Reino Unido al módulo de airbag del Tesla que manejaba Basso.

Segundos antes de chocar contra la maquinaria vial que estaba en la ruta, Basso llevaba presionado el acelerador al 38% de su capacidad máxima. Sin embargo, metros antes del siniestro, el empresario apretó el pedal abruptamente y llegó al 90% de la capacidad. Es decir, el empresario había acelerado a fondo.
La pericia internacional también mostró que el volante no se movió ni un grado durante todo el trayecto. Hasta impactar con la hormigonera, iba en una posición que dejaba al tren delantero en una posición recta.
Una de las hipótesis que hubo después del accidente es que Basso se durmió al manejar, pero esto quedó descartado. Las autoridades lo aseguran porque, si se hubiera dormido, el empresario no podría haber acelerado tan rápidamente sin mover el volante del Tesla.

Además, en ningún momento el auto frenó o disminuyó la velocidad, así como tampoco se activó el piloto automático, que hubiera permitido que el vehículo frenara a tiempo.
Basso era una persona conocida en Florida. El empresario iba casi todos los días a la iglesia a recibir la eucaristía. A una cuadra tenía su escritorio rural y la oficina de Conexión Ganadera. Era una persona que transmitía “confianza”, como definió el párroco de la Catedral de Florida, César Buitrago. La confirmación de la crisis de la empresa sorprendió a los habitantes de la ciudad.
La hermana de Gustavo Basso, Bettina Basso, envió por WhatsApp una carta a un grupo religioso en el que lamentó que su familia esté “llorando a un desconocido”. La mujer comienza diciendo que se siente en una “película de terror”. “La desilusión, la rabia y la vergüenza ajena, desplazaron el duelo que estábamos transitando. Es desgarrador descubrir que estabas llorando a un desconocido”, dice el texto.