Anécdotas de la Copa Libertadores de la V a la Z: Victoria

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Luis Alejandro Amaya E.

Redacción Deportes, 27 nov (EFE).- A veces hay años en el fútbol en el que no ganan los que ‘deben’ ganar o en el que no le salen las cosas a los ‘grandes’.

Un año en el que el Oporto se interpuso en el camino de gigantes para ganar la Liga de Campeones o en el que Grecia montó una guardia troyana para alzarse con la Eurocopa.

Ese fue 2004, que nos enseñó que tanto las fuerzas del fútbol y las de la naturaleza, como el tsunami del 26 de diciembre en el océano Índico que mató a más de 160.000 personas, pueden cambiar las cosas.

Y ahí, entre todos estos cambios, estaba la Copa Libertadores pasando entre manos, recibiendo caricias y apapachos de unos sudorosos y emocionados hombres de blanco.

Era el 1 de julio y el Once Caldas celebraba la sorprendente conquista de la edición 45 del torneo frente a Boca Juniors, el campeón del año anterior.

La vuelta olímpica desató la locura en el estadio Palogrande de Manizales y, quizá por ello, poca importancia se dio en ese momento a la ausencia de los jugadores rivales de la ceremonia de coronación al nuevo 'rey de América'.

Boca Juniors cayó esa noche por 2-0 en una tanda de penaltis en la que sus jugadores no acertaron un solo lanzamiento a la puerta de Juan Carlos Henao, tras un 0-0 en la ida en La Bombonera y un 1-1 en la vuelta.

Y allá iba la copa encabezando una procesión ruidosa por la pista atlética del estadio mientras en la gradas rugían unos 45.000 espectadores.

Nadie lo hubiera sabido si no es porque el mismo culpable confesó tiempo después: "Yo dañé el trofeo de la Copa Libertadores".

El delantero Herly Alcázar tenía fundamentos técnicos de sobra para conducir con elegancia el balón hasta el fondo de la red del equipo contrario. Pero muy rudimentarias maneras para tratar un símbolo.

"Después de que nos entregaron las medallas vino la celebración en grande. Agarré la copa, la besé y empecé a saltar con ella", relató a la prensa el ahora futbolista retirado.

"Ahí comenzó el desastre. Pensé que la copa era compacta, pero el muñeco de encima estaba sostenido apenas por un cablecito y las orejas estaban como pegadas con goma. De repente, el muñeco se salió por un lado, la tapa de arriba del balón se abrió y una oreja se cayó", describió con crudeza.

El desastre no aguó la fiesta y él prefirió fingir que nada ocurría y pasar a otro compañero el trofeo que se hacía pedazos.

"Cuando me di cuenta, pasé la copa y seguí celebrando. La verdad es que no me importó. En la emoción del momento a uno lo que menos le importa es si la copa se rompe o no. Uno puede seguir celebrando con solo media copa, como hicimos nosotros", declaró sin una pizca de arrepentimiento.

Alcázar, ahora de 49 años, recuerda con alegría y mucha risa aquella insólita anécdota.

Tenía 27 años y una trayectoria aún muy sólida, no como la estructura del trofeo entregado por la Conmebol.

No obstante, su vida deportiva quedó marcada.

Alcázar, a pesar de su exitosa y dilatada carrera, sigue siendo recordado en Colombia como 'el Rompecopa'. EFE

(foto)