MSF retira a su personal de un hospital en Darfur Central tras la muerte a tiros de un trabajador sanitario

Tras el asesinato de un camillero frente al centro de Zalingei, la ONG exige a las fuerzas paramilitares una garantía de seguridad mientras advierte que la violencia agrava el brote de sarampión y la crisis alimentaria en la región

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El asesinato de un camillero frente al hospital de Zalingei ha forzado una nueva retirada de equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Darfur Central, un hecho que, según consignó el medio, profundiza el impacto de la violencia sobre la atención médica en pleno brote de sarampión y crisis alimentaria. El trabajador, empleado del Ministerio de Sanidad de Sudán, falleció durante un tiroteo que dejó, además, otras cuatro personas heridas en las inmediaciones de este centro, lo que ha llevado a la ONG a exigir garantías de seguridad a las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) para poder restablecer sus actividades en la zona.

Tal como informó el medio, la coordinadora de emergencias de MSF en Darfur, Myriam Laaroussi, enfatizó que la organización no puede reanudar sus operaciones humanitarias hasta que las RSF proporcionen condiciones seguras tanto para el personal como para los pacientes. "Es inaceptable que los enfrentamientos armados afecten a las instalaciones médicas y la ayuda humanitaria", declaró Laaroussi. De acuerdo con la información publicada, esta es la segunda vez en el año que MSF se ve en la obligación de retirar a su personal del hospital, argumentando que la seguridad de sus equipos no puede garantizarse bajo las condiciones actuales.

El medio indicó que el hospital de Zalingei es vital para la región, ya que en él se prestan servicios de sala de emergencias, cirugía, pediatría, obstetricia de emergencia, atención neonatal y hospitalización general, así como en las áreas de aislamiento creadas para tratar brotes de sarampión y cólera. La ONG sostuvo que desde el 18 de noviembre, fecha del tiroteo, mantiene un diálogo constante con autoridades gubernamentales, organismos de seguridad y la comunidad local, con el objetivo de proteger el hospital. Tres miembros del equipo de MSF mantendrán la comunicación y asegurarán el suministro de medicamentos y recursos humanos, aunque el resto del personal haya sido evacuado por motivos de seguridad.

Según detalló el medio, la violencia contra el sistema de salud no es un hecho aislado en este contexto: en agosto, MSF tuvo que suspender temporalmente todas sus labores en el hospital tras el estallido de una granada dentro de las instalaciones, suceso que provocó la muerte de una persona y dejó cinco heridos, incluyendo otro trabajador del Ministerio de Sanidad. La ONG solamente reanudó sus tareas el 31 de agosto, poco antes de que el nuevo episodio de violencia forzara un segundo retiro.

El acceso a la sanidad para la población civil se ha visto particularmente afectado en un contexto de emergencia sanitaria. El medio puntualizó que entre el 1 de abril y el 20 de noviembre, MSF atendió a 850 pacientes de sarampión, incluidos 310 niños en estado de desnutrición grave. Los registros de contagio han experimentado un crecimiento sostenido: de tres casos en julio, la cifra ascendió a 22 en agosto, 43 en septiembre, 57 en octubre y 62 en noviembre. El coordinador médico de MSF en Darfur, José Sánchez, indicó: “Muchos de los pacientes de sarampión a los que tratamos también sufren desnutrición aguda, lo que incrementa el riesgo de desarrollar complicaciones médicas graves”. Sánchez resaltó además que la combinación de ambas condiciones puede resultar letal, por lo que insistió en la necesidad de garantizar la continuidad del apoyo médico urgente.

De acuerdo con lo publicado por el medio, la situación de inseguridad se enmarca en el conflicto armado iniciado por la falta de consenso en torno a la integración de las RSF dentro de las Fuerzas Armadas sudanesas, lo que interrumpió el proceso de transición tras el derrocamiento del régimen de Omar Hasán al Bashir en 2019, dañado a su vez tras el golpe de estado de 2021 contra el gobierno de Abdalá Hamdok. El conflicto, que involucra a actores internacionales y ha intensificado la crisis humanitaria, mantiene al país con millones de desplazados y refugiados, afectados por brotes de enfermedades y la destrucción de infraestructuras básicas, lo que limita la asistencia a cientos de miles de personas necesitadas.

Las condiciones en las que se desarrolla la labor humanitaria en Darfur Central reflejan la gravedad del contexto sudanés, donde las organizaciones médicas se enfrentan al riesgo constante de violencia, acceso limitado a los pacientes y desafíos severos para el suministro de medicamentos y atención. Según MSF, la falta de seguridad dificulta una respuesta integral tanto ante emergencias sanitarias como frente a la situación nutricional de la población infantil, afectada por la escasez de alimentos y la propagación descontrolada de enfermedades infecciosas. El llamado de MSF a las fuerzas paramilitares busca crear condiciones mínimas que permitan retomar las actividades; de ello dependerá el acceso a servicios de salud en una región con una demanda crítica de atención y una infraestructura sanitaria cada vez más golpeada por el conflicto armado.