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El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, se declaró este jueves “alarmado” después de que Tailandia deportara a China a 40 uigures, minoría musulmana perseguida por Beijing, tras un acuerdo con el gigante asiático.
“Condenamos en los términos más enérgicos posibles la devolución forzada de al menos 40 uigures por parte de Tailandia a China, donde carecen de derechos de debido proceso y donde enfrentan persecución, trabajos forzados y tortura”, declaró Rubio en un comunicado.
El jefe de la diplomacia estadounidense denunció que la decisión de Bangkok contradice “la larga tradición del pueblo tailandés de protección de los más vulnerables”.
“Como aliados de Tailandia desde hace mucho tiempo, estamos alarmados por esta acción, que corre el riesgo de contravenir sus obligaciones internacionales”, señaló Rubio.
El secretario de Estado acusó a China de haber cometido un “genocidio y crímenes de lesa humanidad” contra los uigures, e instó a todos los gobiernos que acogen a esta comunidad a que “no los devuelvan por la fuerza” a China.
Tailandia deportó este jueves a los 40 uigures a China tras un acuerdo con Beijing y pese a las peticiones de la ONU y de organizaciones de derechos humanos de que no procediera con la deportación.
La ONU había advertido a finales de enero a Tailandia que parara “de inmediato” cualquier plan de deportar a China a 48 uigures por el riesgo a represalias contra los miembros de esta minoría. Se desconoce cuál es la situación de los ocho no deportados.
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Los 48 uigures forman parte de un grupo de unas 350 personas que fueron arrestados en 2014 al entrar de manera irregular en Tailandia. Los 48 hicieron un llamamiento público el mes pasado para que se detuviera la deportación, alegando que se enfrentaban a penas de prisión y a una posible muerte en China.
En 2015, Bangkok deportó a más de 100 hombres uigures a China, lo que desató una ola de indignación internacional, y en paralelo envió a 170 mujeres y niños uigures a Turquía.
Según el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Türk, la deportación de este jueves es “una clara violación de las leyes y normas internacionales de derechos humanos”.
“Es profundamente lamentable que hayan sido devueltos por la fuerza”, declaró Türk el jueves. “Ahora es importante que las autoridades chinas revelen su paradero y garanticen que son tratados de acuerdo con las normas internacionales de derechos humanos”.
Funcionarios tailandeses de policía y seguridad, encabezados por el Viceprimer Ministro y Ministro de Defensa, Phumtham Wechayachai, dijeron en una conferencia de prensa en Bangkok que China había dado garantías de que los hombres no serían sancionados ni sufrirían daños.
Afirmaron que todos ellos regresaron voluntariamente después de que se les mostrara una traducción de un acuerdo escrito chino en el que se solicitaba su repatriación y se declaraba que se les permitiría vivir con normalidad.
Tensas medidas de seguridad
Legisladores, activistas y abogados tailandeses habían dado la voz de alarma el miércoles de que los hombres estaban a punto de ser deportados y, pasada la medianoche, camiones con sábanas negras cubriendo sus ventanillas salieron del Centro de Detención de Inmigrantes de Bangkok, donde habían estado recluidos, en medio de un dispositivo de seguridad visiblemente más estricto en la calle, que incluyó la breve detención de un periodista de la agencia de noticias AP y el registro de sus pertenencias.
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Al parecer, el camión los condujo al aeropuerto Don Mueang de Bangkok, donde les esperaba un avión de China Southern Airlines, para volar después al corazón de la población uigur de China, en la provincia noroccidental de Xinjiang.
En un comunicado publicado en Facebook, la embajada china reconoció el jueves que 40 ciudadanos chinos que, según dijo, entraron ilegalmente en Tailandia fueron deportados a Xinjiang en un vuelo chárter. Dijo que los hombres habían estado detenidos en Tailandia durante más de 10 años debido a “factores internacionales complicados”.
Un video mostrado por las autoridades tailandesas en una rueda de prensa el jueves por la noche mostraba a algunos de los hombres saliendo del avión, uno de ellos abrazado torpemente por una mujer poco sonriente, mientras al menos media docena de fotógrafos y cámaras revoloteaban junto a ellos.
También se publicaron fotos de algunos de ellos comiendo y sometiéndose a controles sanitarios mientras funcionarios no identificados permanecían a su lado. No se hicieron públicas fotos de la salida del grupo de Tailandia.
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Duras condiciones de detención
Los uigures son una etnia turca, mayoritariamente musulmana, originaria de Xinjiang. Tras décadas de conflicto con Beijing por la discriminación y supresión de su identidad cultural, el gobierno chino lanzó una brutal represión contra los uigures que algunos gobiernos occidentales consideran un genocidio. Cientos de miles de uigures, posiblemente un millón o más, fueron recluidos en campos y prisiones, y los ex detenidos denunciaron malos tratos, enfermedades y, en algunos casos, la muerte.
Más de 300 uigures que huían de China fueron detenidos en 2014 por las autoridades tailandesas. En 2015, Tailandia deportó a China a 109 detenidos contra su voluntad, lo que provocó una protesta internacional. Otro grupo de 173 uigures, en su mayoría mujeres y niños, fueron enviados a Turquía, dejando a 53 uigures atrapados en centros de detención de inmigrantes tailandeses y solicitando asilo. Desde entonces, han muerto cinco detenidos, entre ellos dos niños.
Defensores y familiares afirman que los 48 uigures restantes fueron sometidos a duras condiciones de detención en Tailandia y se les prohibió el contacto con familiares, abogados y organizaciones internacionales.
El trato dado por el gobierno tailandés a los detenidos puede haber constituido una violación del derecho internacional, según una carta de 2024 enviada al gobierno tailandés por expertos en derechos humanos de la ONU.
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Planes secretos de deportación
Durante más de una década, los detenidos uigures han planteado un dilema diplomático a Tailandia, que se encuentra atrapada entre China, su mayor socio comercial, y Estados Unidos, su tradicional aliado militar.
Beijing afirma que los uigures son terroristas, pero no ha presentado pruebas de ello en los casos de los que acaban de ser repatriados. Activistas uigures y funcionarios occidentales afirman que los hombres son inocentes y que se enfrentarían a persecución, encarcelamiento y posible muerte en China.
Ante las posibles reacciones de todas las partes, Tailandia los había retenido indefinidamente.
Las conversaciones para deportarlos se reanudaron después de que la primera ministra tailandesa Paetongtarn Shinawatra asumiera el cargo el año pasado. Su padre, el ex primer ministro Thaksin Shinawatra, mantiene estrechos vínculos con altos funcionarios chinos.
En diciembre, poco después de que Paetongtarn se reuniera con el líder chino Xi Jinping en Beijing, funcionarios tailandeses empezaron a discutir en secreto planes para deportar a los uigures, según cuatro personas familiarizadas con el asunto. Las personas declinaron ser nombradas por temor a represalias contra ellas mismas o sus contactos.
(Con información de AP y EFE)