Era “el señor del inframundo”, Mictlantecuhtli, la deidad mexica que reinaba en el Mictlán o “lugar de los muertos”, el sitio en donde los difuntos podrían reposar eternamente y aunque con la Conquista española se trataron de eliminar las creencias y cultos de los pueblos prehispánicos, gracias al sincretismo con la religión católica algunas reminiscencias a ese Mictlán impregnaron la actual tradición del Día de Muertos en México.
En el México prehispánico existía una tradición mediante la cual se conservaban los cráneos de los enemigos como trofeos que luego se usaban en rituales relacionados con la muerte y el renacimiento. En las ruinas del Templo Mayor aún pueden verse restos de los famosos “tzompantli”, muros con cráneos o representaciones de cráneos.
Y esa costumbre de representar los cráneos ha llegado hasta nuestros días en el Día de Muertos, donde son tradicionales las calaveras de azúcar y chocolate en las ofrendas o las famosas catrinas que se ven por doquier en estos días.
Según las creencias mexicas, para acceder al Mictlán los espíritus tenían que llegar a un río que sólo podían cruzar con un perro (el xoloitzcuintle), lo que les permitía pasar a otra dimensión. A este lugar únicamente iban quienes tenían una muerte natural, sin importar su rango o posesiones, y además del río tenían que atravesar las nueve regiones del inframundo con sus particulares desafíos.

Las nueve regiones del inframundo conformaban un universo vertical en donde había fuerzas superiores e inferiores. Si el muerto lograba superar los padecimientos de ese lugar podría entonces liberar su alma (tonalli) y lograr el anhelado descanso ante Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl (señor y señora de la muerte), los regentes del inframundo..
Al dios se le representaba con el hígado colgando, pues ese órgano estaba relacionado con el Mictlán. Y justo así se puede apreciar en una escultura que forma parte del acervo del Museo del Templo Mayor, en la Ciudad de México, al que Infobae México tuvo acceso.

La pieza en cerámica fue encontrada en los años 90 junto a otra similar en una edificación al norte del Templo Mayor, conocida como la Casa de las Águilas.

Según información del Instituto Nacional de Antropología (INAH), las piezas habrían sido colocadas sobre las banquetas que flanqueaban el acceso norte del Templo Mayor en la época de Moctezuma I (1440-1469 D.C).
A estas esculturas se les ofrendaba sangre.
Además del hígado colgante, a Mictlantecuhtli se le representó como un ser semidescarnado (con la piel cayéndosele) y en posición de ataques y con garras. Los orificios en la zona del cráneo sugieren que se le colocaba cabello encrespado.

En los códices el dios fue representado con el cuerpo cubierto de huesos humanos y una máscara en forma de cráneo, con la mandíbula abierta recibiendo a los astros que caían ahí una vez que terminaba el día. En el Códice Borgia se le mostró con un sol negro a la espalda, el sol de los muertos.
Tras la Conquista de México, el culto a los dioses mexicas fue borrado del mapa, pero el sincretismo logró que surgiera el Día de Muertos, una de las fechas tradicionales más importantes del país.
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