
Los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) ya no se reducen solo a bulimia y anorexia. Existe un amplio abanico de alteraciones de la conducta alimentaria. Trastorno por atracón, vigorexia, TERIA y TANE, son algunas de estas condiciones.
Sociedades científicas nacionales como la Sociedad Argentina de Pediatría y la Sociedad Argentina de Ginecología Infanto-Juvenil advierten sobre un aumento sostenido de diagnósticos en adolescentes y jóvenes junto con una brecha significativa entre el inicio del trastorno y la primera consulta, que en algunos casos excede los doce meses.
Y la novedad es que estos trastornos ya no afectan solamente a mujeres, como era frecuente en el pasado, sino que aumentó en los varones, y aparece en edades cada vez más bajas, con manifestaciones que incluyen desde dietas hiperrestrictivas a ejercicio compulsivo.
En diálogo con Infobae, la doctora Soledad Dawson, psicóloga y directora de la Maestría en Vínculos y Familias de la Universidad Hospital Italiano, advirtió que se observa un importante impacto de estos trastornos en varones, y cada vez más pequeños. “Hasta hace algunos años, las investigaciones hablaban de 1 varón cada 10 mujeres con estos trastornos. Ahora, de 1 cada 4 o 6 mujeres”, afirmó.

“En Argentina entre el 10 % y el 15 % de la población manifiesta algún trastorno alimentario, cifra preocupante, que se incrementó después de la pandemia. Se sufre desde niños cada vez más pequeños, hasta hombres y mujeres adultas. Luego de Japón, Argentina es el país con más casos de trastornos alimentarios a nivel mundial. De esa totalidad, el 90 % son mujeres y el 10 % hombres, constituyendo la prevalencia de las consultas entre los 9 y los 16 años”, describió.
La doctora explicó que en la mayoría de los casos, estos trastornos se desarrollan en la pubertad o preadolescencia, “con las crisis evolutivas, cuando la persona comienza a desarrollar otro tipo de rasgos corporales distintos a los que tenía”.
Sin embargo, también pueden desarrollarse en la adultez. “Los trastornos de la conducta alimentaria tienen en común una alteración en la percepción de la imagen corporal de aquella persona que lo padece. Aparece muy marcada la disconformidad con el cuerpo", expresó Dawson.
Qué son los trastornos de la conducta alimentaria

El doctor Rolando Salinas, jefe de Salud Mental del Hospital Alemán y profesor de Psicología de la Salud UCA (MN 72241), expresó que los TCA atraviesan silenciosamente al sistema de salud desde hace décadas. “Pero detrás de estas patologías, aparentemente vinculadas solo a la comida o a la imagen, se oculta uno de los mayores riesgos de mortalidad de toda la salud mental“, alertó el especialista.
Y señaló que la evidencia científica es contundente: “La anorexia nerviosa encabeza las tasas de mortalidad psiquiátrica, impulsada tanto por complicaciones orgánicas severas como por suicidio. Su riesgo aumenta a medida que el diagnóstico se retrasa, la pérdida de peso se profundiza y las conductas restrictivas o purgativas se cronifican", advirtió.
El experto contó que en Argentina se da un fenómeno persistente: muchos pacientes llegan a la consulta en estado clínico crítico, después de largos meses de deterioro físico y emocional. “Bradicardia marcada, hipotensión, deshidratación, irregularidades menstruales, arritmias inducidas por purgas y un notable descenso de la masa muscular son algunos de los signos que obligan a internaciones urgentes”, dijo el doctor.
“Los TCA no son una única enfermedad: son un espectro complejo que requiere abordajes diferenciados. Tempranamente implementados, pueden cambiar la evolución del cuadro, disminuir la mortalidad y mejorar la calidad de vida de los pacientes”, señaló el doctor Salinas.

Según la doctora Dawson, las conductas que suelen repetirse en los casos de TCA son: “La restricción y disminución de las ingestas y selección de alimentos más ‘saludables’, sin grasas. También se manifiesta el método de compensación, cuando el sentimiento de culpa aflora por haberse “zafado” en alguna comida, dijo la doctora.
“Esto significa sentir que se comió mucho en una sola comida y ‘compensarlo’ no comiendo en la próxima comida, restringiendo alimentos o gastando esa cantidad de comida haciendo mucho ejercicio o provocándose el vómito. También es común la obsesión por el control del peso al ver su imagen corporal, así como también distorsión de la misma, miedo a engordar”, dijo la especialista.
Las señales de alerta
El doctor Sebastián Soneira, jefe de la Sección de Trastornos Alimentarios y Psiquiatría Nutricional del Servicio de Psiquiatría de Fleni, explicó que los TCA no se limitan a conductas alimentarias inusuales, sino que suelen coexistir con ansiedad, depresión, trauma previo u otras dificultades emocionales y pueden generar complicaciones médicas graves que involucran el corazón, los huesos, el sistema digestivo y otras funciones vitales. Estas son las señales de alerta, según el doctor:

- Cambios en la alimentación: cuando la persona evita comidas o cierto tipo de alimentos; hay un ritual en la forma de comer (ya sea con cortes muy específicos o tiempos prolongados). Otras señales son cuando la persona come en secreto o desaparece después de las comidas; presenta episodios de atracones o purgas.
- Cambios físicos: la persona presenta pérdida o fluctuación notable del peso; presenta mareos, fatiga, intolerancia al frío; la piel y el cabello está seco, hay debilitamiento de uñas. También puede presentar irregularidades menstruales o problemas gastrointestinales.
- Cambios emocionales y conductuales: la persona muestra una preocupación excesiva por el peso, las calorías o el ejercicio físico; hace comentarios negativos sobre el propio cuerpo y se muestra irritable, se queda asilada y hay pérdida de interés social. Se niega el problema o hay resistencia a recibir ayuda.
- Señales en el contexto escolar o social: la persona evita comer junto a otros; muestra un estrés significativo en actividades que implican comida y hay una disminución del rendimiento escolar o la concentración.
“Es importante divulgar estas señales para poder reconocerlas y actuar con empatía, sin juzgar, criticar o presionar a la persona. Porque de esta forma se facilitará que la persona reciba ayuda profesional de forma temprana”, sostuvo el Dr. Soneira.

Por su parte, la doctora Dawson recomendó tener en cuenta que cualquier actitud, sea obsesiva o bizarra, en relación a la alimentación y el ejercicio, que implique una interferencia, o se vea obstaculizando la vida social y relacional implica un alerta, y sobre todo los síntomas físicos asociados”. La especialista brindó los siguientes ejemplos:
- Evitar encuentros, salidas y actividades por la comida, “el aislamiento que se presenta con irritabilidad, depresión y malhumor se convierte en un alerta y una sugerencia de consulta y revisión”.
- Hiperactividad, exceso de actividad física, movimientos excesivos de piernas o moverse mucho en la casa. “Una de las más comunes es la rigidez a la hora de comer, y un notorio cambio de hábitos alimentarios, restricción de alimentos, rehusarse a comer o saltearse comidas, temor a engordar, culpa y conductas compensatorias (como purgas o ejercicios compulsivos) cuando se come algo que se hubiera preferido no comer”, dijo Dawson.
- Obsesión por el cuerpo, con una gran y constante preocupación por la imagen corporal.
- Sobreexigencia, no aislada, pero sí con alguno de estos otros síntomas, como perfeccionismo y detallismo, para lograr aprobación.
- Las conductas bizarras, como esconder o acumular comida o consumo de laxantes sin prescripción médica y severos cambios en el peso y la talla. “A veces la falta de alimento repercute en el crecimiento, excesiva pérdida de peso o falla en mantener un peso saludable, también aumento abrupto de peso por atracones”, señaló la doctora.
- Levantarse de la mesa inmediatamente e ir al baño y la ropa manchada por los vómitos.
Cómo se manifiestan en los varones

Las formas de TCA más frecuentes son la anorexia y la bulimia, pero en varones se ve más el trastorno por atracón, los trastornos de alimentación no específicos y la vigorexia, dijo la doctora Dawson.
“Se desarrollan obsesiones por la comida ‘saludable’ o clean, como en las redes sociales se nombra a las dietas basadas en alimentos enteros y sin procesar. Se tiende a mirar con manía cada etiqueta, y una rigidez muy difícil de modificar con horarios, porciones y alimentos para volverse cada vez más restrictivos. Aparecen los comentarios: ‘Cómo no te gusta, si te encantaba!’ ‘Antes lo comías todo el tiempo’. Así, hasta no comer prácticamente nada”, alertó la experta.
En múltiples ocasiones se combina con el ejercicio compulsivo. “Empieza con un querer estar mejor, rendir más en el deporte, comer sano, ser perfecto. Se sirven la comida aparte, se alejan de la mirada de los demás, dejan de compartir la mesa con otros, o si lo hacen, es común que se generen múltiples conflictos dado que los instan a comer, y en la negativa, se quieren imponer: ‘Es mi cuerpo, es mi vida’. Y entienden los cuidados como hipercontrol y vigilancia”, destacó Dawson.

Además, afirmó la especialista, en la mayoría de los casos, cuesta que pidan ayuda “porque no registran que están transitando una patología, lo que se llama tener conciencia de enfermedad. Se tornan distantes, no comparten planes que impliquen la comida, no logran sostener las actividades cotidianas, por falta de energía, y los síntomas se revelan en los controles clínicos: anemia, caída del cabello, amenorrea en las mujeres, apatía, baja autoestima y varios otros. También el humor, la conducta, la autoestima, las relaciones con los otros, la capacidad de concentrarse y sus proyectos”, describió la doctora.
Cuáles son los trastornos alimentarios más comunes
La doctora Dawson explicó los TCA más comunes:
- Anorexia nerviosa: Se caracteriza por una restricción intensa de la alimentación, motivada por la insatisfacción con el propio cuerpo y un temor persistente a aumentar de peso. Hay una distorsión de la imagen corporal y, a menudo, la persona no percibe su bajo peso ni los riesgos asociados, lo que puede llevar a desnutrición y necesidad de internación. Pueden presentarse conductas compensatorias como ejercicio excesivo, abuso de laxantes, diuréticos o anfetaminas, y vómitos autoinducidos, explicó la doctora Dawson.
- Bulimia nerviosa: Consiste en episodios recurrentes de atracones, con ingesta de grandes cantidades de comida en poco tiempo, seguidos de intentos por “compensar” las calorías mediante vómitos, uso de laxantes, diuréticos, enemas, restricción calórica severa o ejercicio intenso.

- Trastorno por atracón: Se manifiesta mediante dietas restrictivas y episodios de ingesta compulsiva de alimentos hipercalóricos en períodos breves, acompañados por sensación de pérdida de control, culpa y vergüenza. A diferencia de la bulimia, no hay conductas compensatorias tras los atracones.
- TERIA (Trastorno de evitación/restricción de la ingesta de alimentos): Se expresa a través del rechazo o asco por ciertas características de los alimentos, temor a atragantarse o vomitar, y falta de interés en la alimentación. Es más común en la niñez y se distingue por su persistencia, impacto clínico (malnutrición, problemas de crecimiento) y consecuencias sociales, como el aislamiento.
- Vigorexia: Frecuente en varones, implica la búsqueda obsesiva de un cuerpo musculoso, sostenida en una percepción distorsionada de la imagen corporal. La compulsión por el ejercicio y las dietas estrictas puede provocar depresión, ansiedad, culpa y lesiones físicas.
- TANE (Trastornos alimentarios no específicos): Engloba aquellos cuadros con síntomas propios de la anorexia o la bulimia, pero que no cumplen los criterios completos para ser diagnosticados como tales.

Cuáles son las causas
Según Dawson, los factores predisponentes a desarrollar un TCA son múltiples, desde condiciones singulares de ese niño o adolescente, cuestiones de dinámicas familiares en las que se observa la preocupación por la alimentación saludable, la imagen y la alta participación en actividades deportivas, así como situaciones de la vida cotidiana en los ámbitos escolares, bullying y discriminación.
“La internalización del ideal de delgadez, la presión percibida por ser delgado y la insatisfacción de la imagen corporal son predisponentes. También algunos rasgos de la personalidad como la autoexigencia, el perfeccionismo, la introversión, impulsividad y competitividad. Es importante reconocer el modo en que nuestras acciones cotidianas, como padres o cuidadores, inciden en la mirada que las niñas y los niños tienen sobre sus cuerpos”, afirmó Dawson.
También las redes sociales tienen su responsabilidad. Según la doctora, adquieren un rol predominante en la difusión y promoción de todo tipo de modalidades de relación con la alimentación y la actividad física promoviendo estereotipos corporales y comportamentales que sostienen los trastornos de la conducta alimentaria.
Un estudio publicado en la revista International Journal of Mental Health and Addiction concluyó que un mayor uso de redes sociales y mayor nivel de adicción a estas puede elevar la probabilidad de desarrollar un TCA.
Recomendaciones para los padres

Para la doctora Dawson, es esencial pensar qué se le transmite a los hijos, en cada una de las esferas de desarrollo y de actividad, “por ejemplo, cuando nos paramos frente al espejo de un ascensor y decimos: ‘qué gorda estoy’”, advirtió la experta.
Sin embargo, destacó que son muchas las acciones que pueden ayudar a prevenir: “desde compartir una mesa familiar en la que hablemos de emociones, hasta no poner a los chicos a dieta”, remarcó.
Para poder acompañar, la doctora Dawson recomendó, sobre todo en caso de que se trate de niños o adolescentes, pedir ayuda a un especialista en la temática. “La cronicidad y las dificultades en el acompañamiento muchas veces agotan y cansan a quienes están cerca. Será muy importante resistir, y no dejarlos solos, ya que muchas veces las personas con un desorden alimentario se aíslan, dejan de salir o de contestar llamados”, aseguró.
Y recomendó no hacer comentarios relacionados al aspecto físico, “es más favorable hacer mención al estado de ánimo, su actitud o al vínculo pero no a la apariencia física, porque suele ser conflictivo y puede desestabilizarlos”.

La especialista dijo que sus actitudes para con los amigos y familiares no deben ser tomadas como algo personal ya que “quien tiene un TCA no lo está pasando bien”. “Evitar hacerlos sentir culpables, dado que los TCA no son un capricho, una moda o una elección, sino patologías que requieren cuidado, dedicación y acompañamiento”.
La doctora destacó: “Saber que no suele haber conciencia de enfermedad, es lo más difícil para los referentes afectivos en general. Por eso, suele ser el entorno el que busca ayuda. Con adultos es más difícil, porque son autónomos y deciden, entonces si no hay ‘demanda’ es más difícil que sostengan el tratamiento”, alertó.
Finalmente, la doctora Dawson concluyó: “Buscar ayuda profesional orientada a que la persona comience un tratamiento, ya que estos trastornos no se resuelven solos y requieren un enfoque transdisciplinario. Esto permite lograr una mejor y más rápida recuperación, porque se atacan las conductas cuando no están tan instaladas y se detectan tempranamente los síntomas, lo que ayuda a evitar el desencadenamiento de otras patologías”.
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