
El hisopado de cajeros automáticos, manijas de las puertas de las tiendas y otras superficies que se tocan con frecuencia en una ciudad de Estados Unidos reveló que el 8% de las muestras fueron positivas para el material genético del SARS-CoV-2, pero ese material estaba presente en pequeñas cantidades.
Amy Pickering de la Universidad de Tufts en Medford, Massachusetts, y sus colegas tomaron muestras repetidamente de 33 superficies en lugares públicos en Somerville, Massachusetts. Las asas de un cubo de basura y una licorería eran las más frecuentemente plagadas de ARN de coronavirus. Todas las muestras mostraron sólo contaminación de “bajo nivel” y el riesgo de infección por tocar una de las superficies contaminadas es bajo, advierten los investigadores.
El equipo descubrió que el porcentaje de muestras positivas en un distrito postal alcanzó su punto máximo aproximadamente 7 días antes de un aumento en los casos de COVID-19 en el mismo distrito. El muestreo de superficies muy tocadas podría proporcionar una advertencia de un aumento repentino de infecciones, escriben los autores.
“Veintinueve de 348 (8,3%) muestras de superficie dieron positivo para SARS-CoV-2, incluyendo botones de cruce de peatones, manijas de botes de basura y manijas de puertas de entradas comerciales esenciales (tienda de abarrotes, licorería, banco y gasolinera). El riesgo estimado de infección por tocar una superficie contaminada fue bajo (menos de 5 en 10,000), lo que sugiere que los fómites juegan un papel mínimo en la transmisión comunitaria del SARS-CoV-2”, reza el estudio preliminar que aún no fue revisado por pares publicado en la revista científica Nature.

Las superficies fueron siempre un tema de debate, preocupación y motivo de estudio. De acuerdo a estudios interpretados por este medio a fines de agosto, la supervivencia prolongada del virus en las superficies en otoño podría “contribuir potencialmente a que surjan nuevos brotes”, escribió el equipo dirigido por Juergen Richt, profesor de microbiología veterinaria en la Universidad Estatal de Kansas, en un artículo no revisado por pares publicado en el sitio web de preprint bioRxiv.org.
A su vez, el coronavirus que causa la COVID-19 puede sobrevivir al menos 28 días en superficies como el plástico o el acero a una temperatura de 20 grados Celsius, según una investigación de la agencia científica australiana Organización para la Investigación Industrial y Científica de la Mancomunidad de Australia (CSIRO) publicado en la revista científica Virology Journal y explicado por Infobae.
“Podemos estar seguros que las vías de contagio principales son a través de una persona que tose, que estornuda y que habla. La interacción o la infección a través del contacto de una superficie es algo que es mucho menos probable. Nuestras recomendaciones son siempre las mismas ante esta situación: que las personas se laven las manos por lo menos durante 20 segundos, siempre que estornuden o tosan lo hagan en un pañuelo descartable o en el pliegue del codo y por supuesto, que eviten o intenten no tocarse la cara”, explicó en una entrevista con este medio Sofía Yasky, ingeniera en alimentos y quien en el ámbito académico se desempeña como docente e investigadora de las materias de microbiología general y laboratorio de microbiología de los alimentos en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE).
Y añadió: “Como medida extra es una buena práctica limpiar las superficies que utilizamos con periodicidad, nuestro celular o cosas que utilicemos con mucha frecuencia. Pero no quiere decir, a pesar de los datos publicados, que tengamos un riesgo mayor a través de superficies que puedan tener una infección, de contraer el virus”.

De acuerdo con un artículo publicado en la revista científica The Lancet, la capacidad del virus para permanecer activo en superficies fue exagerada en los experimentos iniciales. Al parecer, en las investigaciones que declararon este hecho inicialmente, los científicos usaron concentraciones altas del virus para encontrar su tiempo de vida por fuera del cuerpo. En un escenario real, como un supermercado o un restaurante, esas condiciones son irreales. Decenas de personas infectadas tendrían que toser o estornudar sobre un punto específico para reproducir las condiciones del experimento.
La consecuencia de esa exageración fue, sobre todo, social. Conforme los establecimientos comenzaron a abrir, las medidas de seguridad sanitaria se enfocaron en combatir esa vía de transmisión, con todo tipo de aplicaciones de desinfectantes líquidos, desde tutoriales para limpiar los artículos traídos del supermercado hasta “arcos sanitizantes”.
Estas medidas podrían haber provocado una distracción de otras formas de precaución más efectivas para prevenir los contagios, principalmente el uso de cubrebocas. La principal vía de transmisión del virus es respiratoria, por lo que las estrategias para responder a ese hecho deberían tener privilegio.
Tanto instituciones públicas como privadas convirtieron la sanitización de superficies en una especie de “cartilla de confianza”. El sistema del metro de Nueva York incluso desplegó un operativo para limpiar las superficies de todos sus trenes una vez al día, lo que le ha costado alrededor de 500 millones de dólares en el año, de acuerdo con la estimación del medio POLITICO. El protocolo es, en realidad, más estético que preventivo.
Esa priorización de medidas llamativas, pero poco efectivas es conocida como “teatro de seguridad”. El concepto surgió tras los atentados del 11 de septiembre, cuando Estados Unidos empezó a desplegar protocolos absurdos andes de cada vuelo, como la revisión de zapatos y el cateo a adultos mayores y niños, medidas que no sirven para combatir actos terroristas.
El teatro de la higiene está encarnado por la obsesión con la limpieza de superficies, pero el descuido en las medidas para prevenir la transmisión por aire. Es decir, un sistema de transporte que limpia todas las superficies, pero ignora los sistemas de aire acondicionado que no sirven. O grupos de personas que limpian cada artículo del supermercado pero asisten a reuniones en lugares cerrados.
La exageración de estas medidas no quiere decir que sean innecesarias, el lavado frecuente de manos debería ser una norma cotidiana, aun sin la presencia de la crisis sanitaria.
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