
El café contiene una sustancia cuya relevancia científica se ha incrementado por sus posibles efectos protectores y su relación con el envejecimiento: la cafeína, pero también compuestos como los polifenoles, principalmente los ácidos clorogénicos. Cada uno de estos compuestos contribuye de forma diferenciada al impacto del café en el organismo, aunque el protagonismo en el retraso de los signos del envejecimiento suele atribuirse a los polifenoles.
Café y polifenoles: cómo actúan en el envejecimiento

Los polifenoles presentes en el café, en especial los ácidos clorogénicos, actúan como antioxidantes. Este tipo de sustancias neutraliza los radicales libres, moléculas inestables que se generan por procesos metabólicos normales o por exposición a factores ambientales como radiación ultravioleta, contaminación, tabaco u otros. Los radicales libres contribuyen al daño celular y aceleran los procesos de envejecimiento, lo que puede manifestarse tanto en la piel como en órganos internos.
El consumo regular y moderado de café, gracias a su proporción de polifenoles, puede ayudar a reducir el estrés oxidativo. Este fenómeno se refiere al desequilibrio entre radicales libres y antioxidantes en el organismo. Diversos estudios han relacionado un menor estrés oxidativo con un envejecimiento más lento y una menor incidencia de enfermedades asociadas al paso del tiempo, como patologías cardiovasculares, degeneración cognitiva y ciertos tipos de cáncer.
Los ácidos clorogénicos son el tipo de polifenol más abundante en el café. Además de su función antioxidante, algunos estudios sugieren que pueden influir en procesos inflamatorios y en la regulación del azúcar en sangre, otros factores relacionados con el envejecimiento celular y sistémico.
¿Cuántas tazas de café tomar al día?

La cafeína, principal alcaloide del café, ha mostrado también aportar beneficios al funcionamiento cerebral y al metabolismo. Se ha estudiado su relación con un menor riesgo de enfermedades neurodegenerativas, como Alzheimer y Parkinson, así como con la mejora del estado de alerta y la memoria. Si bien su impacto en el envejecimiento no es tan directo como el de los polifenoles, al contribuir a la salud neurológica puede tener efectos indirectos en la preservación de capacidades cognitivas a lo largo del tiempo.
El café es fuente de minerales como el magnesio y el potasio, así como de vitamina B3 (niacina), nutrientes que participan en funciones celulares y energéticas. En conjunto con los polifenoles, estos elementos colaboran en el mantenimiento de procesos fisiológicos ligados al bienestar general y la longevidad.
El potencial del café para retrasar algunos signos del envejecimiento depende de su consumo moderado y del contexto individual. Especialistas recomiendan entre 2 y 4 tazas al día como rango seguro para la mayoría de los adultos, aunque la tolerancia a la cafeína y la presencia de condiciones médicas pueden modificar estas recomendaciones.