La verdadera historia detrás de la “mandíbula Habsburgo”: política, poder y deformidad genética

Durante siglos, la dinastía más influyente del continente consolidó su dominio mediante matrimonios entre parientes. Esa estrategia política dejó una huella biológica visible en sus miembros y se convirtió en un símbolo de los límites

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Carlos II, el último rey
Carlos II, el último rey de la Casa de Austria española (Wikimedia)

Durante siglos, la imponente familia Habsburgo marcó el pulso de Europa. Entre el siglo XIII y el siglo XIX, ostentaron el poder como reyes de Alemania, archiduques de Austria y, desde el siglo XV, como emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico, además de gobernar la monarquía española entre 1516 y 1700.

A la par, una singularidad física —la prominente “mandíbula Habsburgo”— se instaló en la historia, consecuencia directa de una política familiar donde los matrimonios entre parientes consolidaron el poder, pero también sellaron el destino biológico de la dinastía.

De acuerdo con Smithsonian Magazine, la malformación se relacionó con la estrategia de los Habsburgo de mantener el poder a través de matrimonios entre familiares directos. Las alianzas familiares incluyeron enlaces entre primos y tíos con sobrinas.

Los encargados de retratar a la dinastía no lograron ocultar el prognatismo mandibular. Algunos miembros, como Carlos II de España, experimentaron dificultades al comer o articular palabras. Charles V, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, fue descrito en 1517 como “de rostro alargado y boca ladeada”.

Retrato de Carlos I de
Retrato de Carlos I de España,también conocido como Carlos V, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (Wikimedia Commons)

El peso de la consanguinidad en la genealogía Habsburgo

De acuerdo con especialistas, citados por History Extra, los Habsburgo llevaron la práctica de la consanguinidad más lejos que otras casas reales europeas.

Según el historiador Martyn Rady, los matrimonios endogámicos favorecieron alianzas políticas y militares, pero generaron consecuencias biológicas severas. Solamente dos de los once matrimonios reales españoles entre 1516 y 1700 se efectuaron fuera del círculo familiar. La continuidad de estos enlaces provocó problemas de salud física y mental, así como deformidades.

Investigaciones recientes analizaron decenas de retratos y confirmaron una relación directa entre el grado de parentesco de los progenitores y la gravedad de las alteraciones maxilofaciales. El estudio de 2019, dirigido por el profesor Román Vilas de la Universidad de Santiago de Compostela, detalló que a mayor índice de consanguinidad, más pronunciada la deformidad mandibular.

Felipe IV, pintado por Diego
Felipe IV, pintado por Diego Velázquez, de quien el rey fue mecenas (WIkimedia)

El “coeficiente de consanguinidad” alcanzó valores extremos en Carlos II de España, con un índice de 0,254, cifra diez veces superior a la considerada elevada en hijos de primos hermanos.

El emperador Maximiliano I, su hija Margarita de Austria, Carlos I de España y Carlos II figuran como los casos más notorios de la mandíbula Habsburgo.

En ese sentido, Carlos II, apodado “El Hechizado”, padeció epilepsia, trastornos físicos y severa incapacidad para masticar debido a la malformación ósea. Su autopsia evidenció deterioro corporal extremo: corazón diminuto, pulmones dañados y cráneo con exceso de líquido.

En algunos registros, un enviado británico observó cómo Carlos II ingería alimentos “tragando todo entero”, ya que sus dientes no se encontraban alineados. Los trastornos digestivos y una lengua grande dificultaron la comunicación verbal. Su árbol genealógico ejemplifica el impacto acumulativo de generaciones de endogamia: la abuela materna también era su tía, y su madre resultó ser sobrina de su padre.

Retrato de María Luisa de
Retrato de María Luisa de Orleans, reina de España, por José García Hidalgo (c. 1679) (Wikimedia)

El final de la dinastía Habsburgo española se selló con la muerte de Carlos II en 1700, sin descendencia. Este deceso desencadenó una guerra de sucesión en Europa. De acuerdo con Martyn Rady, el linaje austríaco intentó heredar el trono español, pero la corona finalmente pasó a la casa francesa de los Borbones.

Marie Antoinette, hija de la emperatriz María Teresa y del emperador Francisco I, formó parte del linaje, aunque solo manifestó una pequeña alteración en el labio inferior. Las generaciones actuales de la familia Habsburgo continúan existiendo, pero la característica mandíbula desapareció como consecuencia de cambios en las prácticas matrimoniales.

Hoy, la historia de la mandíbula Habsburgo es símbolo de los riesgos biológicos de la consanguinidad, además de un recordatorio del costo humano de la política dinástica.

Habsburgo, consanguinidad y genética constituyen tres conceptos unidos en la crónica de una familia cuya ambición definió la política continental, pero cuyo legado se vio marcado por una clara señal biológica: la mandíbula de su linaje real.