
La Oficina Federal de Investigaciones (FBI) advirtió sobre un incremento en incidentes de swatting en universidades estadounidenses, instando a la comunidad académica a extremar la vigilancia ante la proliferación de llamadas falsas que afectan la seguridad en los campus. Desde la semana pasada, al menos once instituciones han experimentado este tipo de falsas alarmas.
El fenómeno del swatting, caracterizado por alertar falsamente a servicios de emergencia sobre supuestas amenazas graves como tiradores activos, provocó evacuaciones y operaciones policiales en centros educativos como la Universidad de Villanova en Pensilvania, la Universidad de Tennessee en Chattanooga, la Universidad de Arkansas, Universidad del Norte de Arizona, la Universidad de Carolina del Sur y la Universidad de Kentucky, entre otras.
En todos los casos recientes, las fuerzas de seguridad no hallaron amenazas reales y clasificaron los hechos como bromas peligrosas. “El swatting pone en grave riesgo a personas inocentes, al mismo tiempo que agota los recursos policiales y genera altos costos”, explicó la FBI en un comunicado de prensa.
La agencia federal ha registrado miles de incidentes en su base de datos desde la creación de un sistema específico para documentar este tipo de episodios a partir de 2023.
“Colaboramos con las autoridades locales y estatales para evaluar cada reporte, compartir información y adoptar acciones de investigación apropiadas”, detalló la institución. “Pedimos a la población que mantenga la vigilancia y reporte cualquier actividad sospechosa”, agregaron voceros oficiales.
11 falsas alarmas en una semana
Las amenazas recientes incluyeron dos episodios en la Universidad Villanova, uno de ellos el 21 de agosto pasado, donde estudiantes y personal se atrincheraron mientras unidades policiales recorrían el campus.
Un día después, alumnos y docentes de la Universidad de Arkansas fueron evacuados luego de una alerta, sin que se constatara riesgo. Incidentes similares se reportaron en universidades como Universidad del Estado de Iowa, la Universidad Doane, la Universidad de New Hampshire, la Universidad de Colorado Boulder y la Universidad del Estado de Kansas.
En cada suceso, los estudiantes y personal abandonaron edificios o siguieron protocolos de refugio durante minutos críticos, hasta que las autoridades descartaron la existencia de violencia.
Según la Base de datos de tiroteos en escuelas K-12, la cantidad estimada de denuncias de swatting en entornos educativos pasó de 400 en 2011 a más de 1.000 en 2019. Solo entre enero de 2023 y junio de 2024, se contabilizaron al menos 800 incidentes en escuelas y universidades.
Especialistas advierten que esta táctica —conocida desde la década de 1970— ha evolucionado por el uso de nuevas tecnologías. Carla Hill, directora senior del área de investigaciones en el Centro sobre Extremismo de la Liga Antidifamación (ADL), subrayó en diálogo con Newsweek que las amenazas de swatting habitualmente buscan hostigar individuos o entorpecer eventos públicos.
“En un contexto donde los tiroteos activos ya son demasiado frecuentes, el swatting resulta especialmente traumático dentro de una escuela o universidad. Su persistencia preocupa profundamente y representa un uso indebido muy grave de recursos públicos”, remarcó Hill.

Softwares de llamadas
El anonimato se ha incrementado mediante el recurso a software de llamadas VoIP, redes privadas virtuales (VPN) y la figura de intermediarios que contactan a servicios de emergencia en nombre de los autores, explicó la investigadora.
Asimismo, Hill advirtió que existen anuncios de “servicios de swatting” en redes sociales y aplicaciones de mensajería como Telegram, donde se ofrecen amenazas falsas desde 40 dólares, grabaciones personalizadas de las llamadas, cierres escolares por 75 dólares y variantes más agresivas por 50 dólares, según reveló un mensaje difundido por Newsweek. “Incluso se negocian precios si el objetivo es alguien famoso o conocido en plataformas de streaming”, añadió la experta.
Las dificultades para identificar y detener a los responsables crecen, ya que los perpetradores pueden operar desde cualquier punto del mundo y con poca exposición legal. Hill sostuvo: “es posible que la actividad continúe, porque requiere pocos conocimientos técnicos, la consecuencia legal es limitada, existe un mercado negro y las conductas de acoso digital están en auge”.