
Como todo en la economía argentina, el mercado de deuda refleja las distorsiones y contradicciones que imperan en todos los demás sectores. Así, entre inversores y analistas convive la certeza de que será inevitable una nueva reestructuración de la deuda -de hecho los precios de los activos así lo indican- con la expectativa de que esos mismos títulos aún tienen algo de espacio para mejorar su cotización en el corto plazo. Algunos tecnicismos, más unas pocas señales de la política monetaria y la mayor cercanía del proceso electoral se combinan para dar como resultado esta confusa conclusión. Vale aclarar que la renegociación de deuda que se espera vale tanto para los bonos en dólares surgidos del canje que implementó en 2020 el ministro de Economía, Martín Guzmán, con los acreedores extranjeros como para deuda en pesos, indexada por CER, colocada en el mercado doméstico. Reestructuración por un lado, reperfilamiento por el otro; ambas medidas parecen inexorables a los ojos de los inversores.
Aun así, desde el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por sus siglas en inglés), se consideró que existe un margen de mejora en la cotización de los títulos deuda argentinos. Aunque, al tiempo, el think tank con sede en Washington no descartó una nueva renegociación antes de 2025, lo que consideró realista. “Todavía creemos que existe margen para una suba en la valuación de bonos”, opinó el economista del IIF, Sergi Lanau, quien fundamentó tal conclusión en el giro de política cambiaria que imprimió este año el Banco Central, que aplica un mayor ritmo de devaluación. “El tipo de cambio en Argentina se desliza cada vez más rápido. La interpretación más positiva es que el acuerdo con el FMI está teniendo algún efecto. La negativa es que la inflación es incluso mayor a esa tasa de 4% de suba”, sostuvo Lanau y cerró: “Seguimos sosteniendo que hay margen para una mejora en las valuaciones”.

Esa apreciación está en línea con lo que podría ocurrir a partir del mes próximo, cuando entre en vigencia el aumento de tasa que definió Guzmán en la estructura de los bonos emitidos hace dos años, por el que los cupones semestrales pagarán una tasa anual superior al 3,5% en vez de 2%, tal como informó ayer Infobae. De ahí su mayor atractivo, incluso contemplando el escenario de una reestructuración tras el cambio de Gobierno. En otras palabras, tal como lo expresó Lanau, incluso si hubiera un nuevo default, el valor de recupero sería mayor a los precios actuales.
“El 2024 puede ser manejable sin acceso a los mercados pero en 2025 el riesgo es real. A menos que exista una mejora radical de políticas, no creo que el FMI quiera aportar USD 5.000 millones para los servicios de la deuda si no hay acceso al mercado”, dijo el analista. “Incluso si hay default, el recupero podría ser mejor que los precios actuales”, agregó.
El representante del IIF, claro, se refería a la deuda en manos de los acreedores privados extranjeros. Pero ése no es el único frente complicado que enfrenta el Gobierno en materia de deuda.

También en el mercado local, las dificultades comienzan a acumularse y a Economía se le vuelve cada vez más complicado obtener financiamiento. A tal punto que la presunción es que difícilmente se logre renovar la totalidad de los vencimientos que hay por delante y que, igual que con la deuda en manos de grandes fondos del exterior, el próximo gobierno deberá avanzar en un reperfilamiento. “Vemos muy improbable que el sector privado, durante este período, renueve más del 100% de lo que vence, por lo que el riesgo de emisión, directa o indirecta vía baja de Leliq o Pases, luce muy alto” afirmó el jefe de Research de Aurum, Pablo Repetto, en un informe reciente, en el que identificó los dos principales motivos.
Por un lado, la probable saturación de la demanda, aun de instrumentos la ajustable por CER, que ya se insinuó con la caída en la tasa de renovación promedio entre abril y mayo y, por el otro, “el temor que genera el perfil de deuda hacia adelante”, particularmente si el próximo gobierno decide flexibilizar el cepo. ”La deuda en pesos constituye un factor altamente desestabilizante que podría requerir medidas de reestructuración y/o reperfilamiento”.
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